Las parasitosis continúan siendo un problema de salud pública mundial, debido a su alta prevalencia en países en vías de desarrollo, su persistencia en países desarrollados dado por la migración de personas, y su morbi-mortalidad asociada. Los factores climáticos y socioeconómicos determinan, en gran medida, la distribución geográfica de las enfermedades parasitarias; es así, que se estima que a nivel global, el cambio climático tiene la capacidad de impulsar la incidencia, prevalencia, aparición y reemergencia de enfermedades parasitarias, motivo de preocupación. Por otra parte, muchas parasitosis son aún consideradas enfermedades desatendidas, debido a su asociación con determinantes sociales de salud, como acceso inadecuado a los servicios de salud, educación insuficiente, escasa disponibilidad de agua y saneamiento básico, bajos ingresos y falta de atención terapéutica. Estas enfermedades, sumado al deterioro directo de la salud, promueven un ciclo de retroalimentación positiva de pobreza y estancamiento económico en las comunidades humanas que afectan. Además, cuando en la relación parásito-hospedero los factores de agresión parasitaria predominan, se pueden originar patologías, e incluso muerte del hospedero. Otros factores determinantes, son la edad, el estado nutritivo y las características genéticas del individuo susceptible.

